El 11 de abril de 2002 no deja de botar sorpresas. Cuenta la leyenda que los golpistas sopesaron quién habría de ocupar la magistratura máxima, sucesora de Chávez. Después de considerar que los civiles "pusieron los muertos", se decidieron por compensarlos. Entonces arrancó una carrera por el poder, brevísima, ganada por el también brevísimo Pedro el Breve. Pero en los entretelones quedó que Luis Miquelena se quedó vestido en las instalaciones de Venevisión, esperando ser designado. Dice la leyenda que se hizo un esfuerzo por configurar una junta, donde ellos, los civiles, ocuparan los cargos. Se pensó en Carlos Ortega, figura descollante del golpe, y hasta en Francisco Árias Cárdenas, a la sazón en el Fuerte Tiuna. Pero, como se dijo, Carmona se los tiró al pico a todos. Luego vino el asunto de la designación de los ministros, cosa que alborotó las apetencias de poder de los golpistas: todos se sentían héroes y merecedores de condecoraciones. Los cargos "rápidos", como el Ministerio de la Defensa y Casa Militar, cayeron en manos de dos marinos, Héctor Ramírez Pérez y Carlos Molina Tamayo, respectivamente, vaina que molestó a Efraín Vasquez Velasco, por sentirse el "elegible" al cargo y por aquel cuento de la rivalidad Ejército-Armada. En fin, gente estupefacta, ese día fue el del alboroto de las bajas pasiones, un sancocho de las vanidades, cosa que hizo decir a Molina Tamayo que por eso se cayó el golpe. Otro atorado fue el director de Globovisión, Alberto Federico Ravell, quien pidió todo lo relacionado con las carteras informativas, dejando a la pobre Patricia Poleo por fuera, quien no se pudo contener para exclamar que aquello era una olla de puros "ricachones". Bueno es recordar cuando muchos andan que corren de país en país, huyendo, y otros no tanto, están aquí en Venezuela, tirándoselas, cínicamente, de demócratas. [Fuente: Henry Crespo: "Más sobre abril (I)" en Las Verdades de Miguel. - (2008) abr 18-24; p. 14]
LA ONU CONTRA LA HUMANIDAD
Hace 1 mes
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